• El uso de las nuevas tecnologías en las finanzas (Fintech) cuestiona la regulación financiera tradicional.

  • El marco normativo debe maximizar los beneficios de la digitalización.

La CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia) ha publicado un estudio sobre el impacto de las nuevas tecnologías en el sector financiero. Es decir, el Fintech. Dado que las finanzas tienen un efecto directo en la economía y, por ende, en el bienestar de los ciudadanos, es esencial diseñar un marco normativo satisfactorio.

El Fintech puede contribuir a corregir o mitigar los fallos de mercado, que muchas veces necesitan de la intervención pública. La clave está en la utilización más eficiente de la información, una cuestión de suma importancia en contextos de incertidumbre y asimetrías informativas. La innovación tecnológica se traduce en la aparición de nuevos actores y modelos de negocio, lo que puede fomentar la competencia en el sector financiero.

Aunque también existen riesgos con derivados de la implementación de las nuevas tecnologías, por lo que es preciso asegurar que la regulación es adecuada. Además, es necesario dar con la normativa más efectiva para empresas y consumidores.

Móvil y ordenador con información financiera.

Un estudio exhaustivo

El análisis se ha hecho desde la perspectiva de la competencia y de búsqueda de una regulación económica que proteja al consumidor. En concreto, se abordan problemáticas concretas de ramas específicas, como:

  • Sistemas y servicios de pago.
  • Tecnologías de registro distribuido (como el blockchain).
  • Asesoramiento y gestión de activos.
  • Financiación participativa (crowdfunding).
  • Aplicación del Fintech al sector asegurador (Insurtech).

Tras su estudio, las conclusiones de la CNMC se pueden resumir en las siguientes recomendaciones:

  1. La regulación debe evitar frenar las innovaciones del Fintech, a no ser que existan motivos que lo justifiquen.
  2. Debe reevaluarse la necesidad y proporcionalidad de los requisitos regulatorios actuales, basándose en las fallas de mercado que pueden eliminar las nuevas tecnologías.
  3. La regulación debe enfocarse a actividades -no entidades-, aunque los actores deben contar con el máximo margen de actuación posible. Los desequilibrios están generalmente ligados a la actividad y no a la organización de la misma.
  4. La regulación debe aprovechar las nuevas tecnologías para el cumplimiento normativo (Regtech), reduciendo las cargas de supervisión.
  5. Es recomendable adoptar un banco de pruebas regulatorio (sandbox), para “incubar” los modelos más innovadores y valorar su impacto en el mercado de antemano.
  6. Es conveniente apostar por iniciativas de Open-banking, para asegurar la aplicación de principios de neutralidad tecnológica y no discriminación.

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